Nuestro Señor es un Señor de palabras. Es claramente evidente por las Escrituras siendo el nombre del Señor — la Palabra de Dios. Como leemos en Juan, capítulo 1:
En el principio ya era la Palabra, y aquel que es la Palabra era con el Dios, y la Palabra era Dios. Este era en el principio con el Dios. Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. (Juan 1:1-4)
Y otra vez en Apocalipsis, capútulo 19:
Y vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que estaba sentado sobre él, era llamado Fiel y Verdadero, el cual con justicia juzga y pelea. Y sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno entendía sino él mismo. Y estaba vestido de una ropa mojado en sangre, y su nombre es llamado LA PALABRA DE DIOS. (Apocalipsis 19:11-13, modificado)
Y en I Juan, capítulo 5:
Porque tres son los que dan testimonio del cielo: el Padre, la Palabra y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. (I Juan 5:7)
Pues, encontramos que la persona, en quien habita la plenitud del Altísimo corporalmente, quien es el Señor Jesucristo, es la Palabra que se expresa la naturaleza, voluntad y intento de Dios al hombre. Eso en si mismo declara que el SEÑOR Dios es un Señor que comunica primeramente por palabras. Sin embargo, el Señor sigue aún más a fundo demonstrando que Él es un Señor de palabas, y específicamente, palabras escritas. Por toda la Escritura encontramos que el SEÑOR Dios mantiene libros de nuestras vidas, y un libro que contiene los nombres de todos quienes que le han confiado en el Señor Jesucristo como Salvador. En el Antiguo Testamento, durante el tiempo de Éxodo, Moisés habló al Señor acerca del Libro de la Vida en lo cual son escritos todos los nombre de los que han confiado en el Señor Jesucristo para la salvación.
Entonces volvió Moisés al SEÑOR, y dijo: Yo te ruego, pues, este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro, que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito. Y el SEÑOR respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro. (Éxodo 32:31-33)
En el libro de los Salmos encontramos un testimonio del Señor Jesucristo cuando sufrió en la cruz por nuestro pecado. En este testimonio del Salmo 69, el Señor condena los que se aprovechan de Su sufrimiento para aumentar a Su tristeza.
Porque persiguieron al que tú heriste; y hablan al dolor de los que tu has herido. Añade maldad a su maldad, y no les dejas entrar en tu justicia. Les borra del libro de los vivientes, no dejas que sean escritos con los justos. Y yo afligido y dolorido, tu salvación, oh Dios, me ponga en alto. (Salmo 69:26-29, modificado)
Y por fin, la Escritura más reconocida que trata de los libros de Dios se encuentra en el libro de Apocalipsis, capítulo 20:
Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado sobre él, de delante del cual huyó la tierra y el cielo; y no fue hallado el lugar de ellos. Y vi los muertos, grades y pequeños, que estaban delante de Dios; y los libros fueron abiertos; y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. (Apocalipsis 20:11-12, modificado)
Así pues, mientras que está leyendo este artículo, está escribiendo los libros y guardando datos, en el cielo, de la vida de cada individuo en la tierra. Al SEÑOR Dios, la palabra escrita es de primordial importancia para comunicarse con el hombre, y para llevar notas. Pues, es una sorpresa grande para algunos al darse cuenta que el SEÑOR Dios ha elevado a la Escritura más que Su nombre santo.
Adoraré al templo de tu santidad, y alabaré tu nombre sobre tu misericordia y tu verdad: porque has magnificado tu palabra por encima de todo tu nombre. (Salmo 138:2, modificado)
Por las genealogías que nos dio, se ve claramente que el SEÑOR Dios creó la palabra escrita para llevar datos de las genealogías que escribió para que todos las vean. Sin duda, las genealogías tienen que ser escritas porque no hay otra manera de tener archivo exactos. No debe ser necesario citar los pasajes de la Escritura porque las genealogías de Números, Mateo, Lucas y otras de la Escritura son bien conocidas.
Por fin, la Escritura por si misma declara que el SEÑOR Dios es un Señor de palabras, específicamente la palabra escrita.
Ve, pues, ahora, y escribe esta visión en una tabla delante de ellos; y asiéntala en un libro, para que quede hasta el postrero día, para siempre, por todos los siglos. Que este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quisieron oír la ley del SEÑOR; Que dicen a los que ven: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad errores. Dejad el camino, apartaos de la senda, haced apartar de nuestra presencia al Santo de Israel. (Isaías 30:8-11)
Y el SEÑOR dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en el libro, y di a Josué que del todo tengo de raer la memoria de Amalec de debajo del cielo. (Éxodo 17:14)
Palabra que vino a Jeremías del SEÑOR, diciendo: Así habló el SEÑOR Dios de Israel, diciendo: Escríbete en un libro todas las palabras que te he hablado. (Jeremías 30:1-2)
Les respondió Jesús: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si dijo, dioses, a aquellos a los cuales fue hecha palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿a quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? (Juan 10:34-36)
Al considerar toda estas cosas, debemos tomar por bendición que el SEÑOR Dios nos ha dado una lenguaje con la cual podemos comunicar nuestros pensamientos, ideas, hechos, eventos y de suma importancia, el Evangelio de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Aun en este día y época, hay grupos étnicos que no tienen un lenguaje escrito. Por consiguiente, frenó el avance de su sociedad, y de las cosas que haría la vida en este mundo más fácil. Sin embargo, el efecto más perjudicial de no tener una lenguaje escrita es que no había manera de que un individuo en este cultura puede sentarse con la palabra pura de Dios y leer por si mismo lo que Dios le requiere. Por eso, ellos tienen que depender en otra personas para decirles lo que Dios les requiere, y todavía, no tienen manera de verificar la fidelidad de lo que les dicen. Por consiguiente, no hay posibilidad del avance de la sociedad y son guardados en tinieblas.
No se puede esconder la evidencia con las declaraciones dadas arriba: la historia enseña plenamente la causa de la Edad de las tinieblas. Es imperativo que notamos que la cultura y sociedad oeste no avanzaron mientras que la Palabra de Dios fue negado a la mayoridad de la gente. Por el poder de la iglesia Católica, pudieron prohibir que la gente tuviera o leyera la Escritura por amenaza de la pena de muerte. La mayoridad de la gente en Europa en este tiempo no tuvieron idea de lo que Dios les requiso y toda información que recibieron vino de la iglesia Católica, predigerido y despojada de sentido. Pues resultó en que el SEÑOR Dios no pudo conceder ninguna bendición en ellos como individuos, ni como sociedad.
Eso no es decir que los predicadores no son necesarios, sino es decir que después que el predicador ya a predicado y los corazones son movidos, los individuos que han recibido la palabra de Dios pueden tomar la Escritura para verificar lo que dijo el predicador y puede asegurarse que Dios les ha enviado el predicador para que ellos pudieran ser reconciliados para con Dios por Cristo. En todo esto, el SEÑOR puede seguir obrando en los corazones por mucho tiempo después que ha salido el misionero. Aunque al principio uno no quiera oír al predicador, probablemente tomara un folleto, estudio Bíblico o aún una Biblia completa y en un momento, y en la privacidad de su propia casa, lo leyera cuando piensan que est´n solos. Y, porque el Señor siempre está buscando los que son perdido para salvarles, el SEÑOR empezará trabajar en el corazón del individuo dispuesto para traerle a Cristo. De esta manera, aunque ya ha salido el predicador, el individuo, quien al principio rechazó escuchar, a él está predicando la palabra de Dios. Sin embargo, si no tienen un lenguaje escrito, ninguna palabra escrita, pues, cuando ha salido el predicador, el SEÑOR solo puede usar lo que la gente ya ha escuchado y retenido. Además, no tienen manera de aumentar su entendimiento de lo que Dios les requiere hasta que el predicador regresara. Por eso, son vulnerable al diablo quien le encanta guardarles en tinieblas.
Así pues, ¿debemos dar por descontada el lenguaje escrito que tenemos y la palabra escrita de Dios la cual es la Escritura? ¡Absolutamente, no! Pues debemos estar más diligente para publicar la Escritura en particular, y libritos, folletos y estudios que son fundados absolutamente y edificados en la doctrina sana de la Escritura. Después de todo, es la gente conocida como anabautista, y bautista, y la que han atenido a la doctrina bautista, quien son conocidas como la gente del Libro. Aún así, los bautista hoy, particularmente los Bautista fundamentales, que creen la Biblia deben ser así.
Pues, con todo que he dicho hasta ahora, como un bautista fundamental, no afiliado, les animo que aproveche los materiales ofrecidos. Es la intención mía que los materiales le edifiquen y le hagan crecer en Cristo. También, es mi deseo que le ayuda ganar un mejor entendimiento de quién es el SEÑOR Dios y lo que el SEÑOR Dios le hace en su vida y en el mundo.
Con este pensamiento, le dejo con un palabra de la Escritura, la cual es la norma de todo lo que he escrito y percibido de la Palabra de Dios.
¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no hay luz en ellos. (Isaías 8:20, modificado)
Y otra vez:
Tenemos también la palabra de los profetas más firme, a la cual hacéis bien de estar atentos como a una candela que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca, y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones. Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de particular interpretación; porque la profecía no fue en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo. (I Pedro 1:19-21)
En Cristo,
